libre-albedrio

Tradicionalmente el destino es una fuerza sobrenatural que guía nuestra vida desde que nacemos hasta que morimos.

Desde el punto de vista religioso el destino es un plan creado por Dios, que no puede ser modificado de ninguna manera. Esto, por supuesto, exceptuando el conocimiento judeocristiano que rechaza de plano (desde la Sagrada Escritura) la existencia de una predestinación absoluta (debido al libre albedrío, que entre otras cosas, hace al hombre ser imagen y semejanza de Dios).

La mayor parte de las religiones consideran a Dios como un ser omnisciente y eterno pudiendo conocer el pasado, el presente y el futuro. Si Dios puede tener cualquier clase de percepción o conocimiento del futuro implica que los sucesos en nuestro universo se predeterminan.

Que los sucesos estén predeterminados no implica necesariamente predestinación ya que Dios actuaría como conocedor del futuro y no como arquitecto del mismo.

Si a todo lo anterior le sumamos como válido el concepto de Milagro como intervención divina en el universo nos encontramos con una nueva controversia.

Dios abandona su papel contemplativo e interviene puntualmente en un Universo del cual conoce su futuro, existiendo desde tal momento predeterminación y predestinación.

Por todo lo explicado anteriormente  la existencia de milagros no es compatible con el libre albedrío pero sí con la predestinación.

Ante este panorama la pregunta es simple:

¿Estamos predestinados o disfrutamos de libre albedrío?

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