Asimilar una enfermedad terminal

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Por desgracia, muchos de nosotros tendremos que asimilar en algún momento de nuestra vida la enfermedad terminal de un ser querido. Son momentos difíciles que exigirán mucho autocontrol y en los que se nos planteará la duda sobre informar o no informar al paciente.

Se puede ser honrado sin destruir los mecanismos de adaptación del enfermo. ¿Como hacerlo?.

Se preguntará al paciente lo que le gustaría conocer de su enfermedad y se le responderá en términos que pueda comprender, si bien tienen derecho a conocer, no siempre es recomendable que conozcan todos los detalles.

Charles Edwards y Renier aconsejan tres principios que pueden ser de ayuda en estos casos:

  • Escuchar bien.
  • Nunca mentir a un paciente.
  • No retirar nunca una esperanza a la que el paciente se aferre.

Las observaciones realizadas por la doctora Kübler-Ross han permitido establecer un esquema evolutivo de la adaptación al proceso terminal, basado en los mecanismos de reacción o defensa que entran en funcionamiento durante una enfermedad mortal. Lo pacientes parecen atravesar generalmente una serie predecible de etapas emocionales clásicas a veces difíciles de distinguir, que varían individualmente en duración e intensidad:

  1. Negación y aislamiento
  2. Ira y furor
  3. Negación o pacto
  4. Depresión
  5. Aceptación

Cada uno de nosotros vivirá esta situación de forma diferente aunque seguro que con muchos puntos comunes.

¿Habéis vivido alguna vez una situación de este tipo?. ¿Cuál es vuestra experiencia u opinión?

A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd. Alphonse de Lamartine

Fuentes | cuidadosenfermedadterminal

Imagen | downthewaterfall

Libre Albedrío

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Tradicionalmente el destino es una fuerza sobrenatural que guía nuestra vida desde que nacemos hasta que morimos.

Desde el punto de vista religioso el destino es un plan creado por Dios, que no puede ser modificado de ninguna manera. Esto, por supuesto, exceptuando el conocimiento judeocristiano que rechaza de plano (desde la Sagrada Escritura) la existencia de una predestinación absoluta (debido al libre albedrío, que entre otras cosas, hace al hombre ser imagen y semejanza de Dios).

La mayor parte de las religiones consideran a Dios como un ser omnisciente y eterno pudiendo conocer el pasado, el presente y el futuro. Si Dios puede tener cualquier clase de percepción o conocimiento del futuro implica que los sucesos en nuestro universo se predeterminan.

Que los sucesos estén predeterminados no implica necesariamente predestinación ya que Dios actuaría como conocedor del futuro y no como arquitecto del mismo.

Si a todo lo anterior le sumamos como válido el concepto de Milagro como intervención divina en el universo nos encontramos con una nueva controversia.

Dios abandona su papel contemplativo e interviene puntualmente en un Universo del cual conoce su futuro, existiendo desde tal momento predeterminación y predestinación.

Por todo lo explicado anteriormente  la existencia de milagros no es compatible con el libre albedrío pero sí con la predestinación.

Ante este panorama la pregunta es simple:

¿Estamos predestinados o disfrutamos de libre albedrío?