Gracias por permitirme…

 

Gracias por permitirme…

Sentir la brisa suave que me acaricia el rostro
en un atardecer adormecido.
Por sentir en mis ojos y mi corazón
los colores trémulos del amanecer
que inunda de esperanza el nuevo día.

Gracias por permitirme…

Contemplar la hermosura impasible
de las estrellas, en una madrugada
plagada de sueños por vivir, y sentimientos
por compartir.

Gracias por permitirme…

Que mi ser comparta sus días con esos amigos
que ofrecen su mano para sostenerte…
en los instantes difíciles y devolverte
la sonrisa con gestos que acarician el alma.

Gracias por permitirme…

Amar a una parte de mí mismo
en forma de esos hijos nacidos del amor y del destino.
Amar a esa compañera, en ese viaje por el tiempo
y los azares de ese horizonte lejano llamado vida.

Gracias por permitirme…

Sentir esa vida en mis venas y mi alma…
esa vida que tú formaste, cuidaste y ayudaste a caminar
olvidándote de ti misma, y de tus propios sentimientos
pues tenías una tarea ardua que realizar.

Gracias por permitirme…

Llegar a ser el hombre que hoy soy,
por amar, por soñar, por la amistad, por mis hijos, por mi mujer
por la luz que llega a mis ojos, por los latidos de ese corazón que tú
pusiste en mi pecho; por tantas cosas…

¡Gracias Madre! ¡Por permitirme nacer para sentir todas estas cosas!

¡Gracias Madre por poner en mi pecho un corazón de poeta
para poder llorarte…
con mis ojos,
con mi corazón,
con mi alma toda!

Cuando veas a Dios… ¡Dale las gracias de mi parte!
Por haberte puesto en mi camino, dándome el ser.
Y tú ¡Descansa! ¡Te lo mereces!

Autor: Luis Salido Reinoso

País: España

Dedicado a la memoría de mi madre
 
Blog: http://www.poema-de-amor.com.ar/foro/weblog.php?w=3

Madre mía (acróstico para el Día de la madre con imagen)

~ Madre mía ~

Madre mía, eres reflejo del firmamento
Ataviado está el mundo con tu sonrisa
Despiertas seguridad entre tus brazos
Restas tristezas y soledades en mis ojos
Encuentro ternura en cada palabra divina.

Muda la naturaleza se yergue ante ti
Incontables son tus desvelos con amor
A Dios le pido que te proteja y bendiga.

©Marielena Rondinel

Todos los Derechos Reservados

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Ella ha sido siempre…

Ella ha sido siempre…

Una compañera que, en todo momento, con su exigencia y amor, ha sabido forjar un mejor camino para mi futuro.

Una consejera que ha sabido escucharme, comprenderme y darme la más sencilla, pero más alentadora, palabra de apoyo.

Una excelente directora de mi formación y vida espiritual.
La mejor cocinera, para la cual, el servir no es una tarea obligada,  sino una labor altruista en la que deposita todo su cariño.
La mujer responsable que, con su dedicación, esfuerzo y perseverancia, me ha dado el mejor ejemplo y testimonio de vida.
Una amiga incondicional, que tiende su mano para apoyarme y me abre su corazón para reclinar en él mis más íntimos secretos, alegrías y tristezas.

Ella siempre está presente cuando la necesito, sin esperar nada a cambio. Por eso hoy doy gracias a Dios por su más bella creación:
ese ser excepcional que se proyectó en la vida para darme vida… ¡Mi Madre!

Autor Desconocido

Carta de un hermano a otro en un día cercano al día de la madre

Querido hermano,

Ser mamá es una tarea complicada, pero los hijos, a pesar de ser mayores, la hacemos más difícil.
Piensa en esto:

Ella nos enseña a sentirnos valiosos e inteligentes, y lo hace tan bien, que después nos creemos mucho más inteligentes que ella.

Todo lo que tiene nuestra madre es parcialmente nuestro, todo lo que tenemos los hijos es totalmente propio.

La mamá es para muchos la responsable de todo lo que no funciona en nuestra vida.

Ella, como tal, nos debe perdonar aún las ofensas más graves.

Nosotros, como hijos, la resentiremos y la juzgaremos durante años, aun por pequeñeces. Los hijos podemos opinar con todo el derecho, sobre lo que hace, deja de hacer o debería hacer, pero le exigimos con firmeza que respete nuestra privacidad y autonomía.

Es común que tengamos al alcance de la mano la lista de lo que, a nuestro juicio, hizo mal o dejó de hacer por nosotros, pero pocas veces recordamos concretamente todo lo que nos dio, ayudó y benefició.

Con frecuencia le reprochamos no haber expresado, su afecto por nosotros ,de la manera que esperábamos, y usamos esto como pretexto para no demostrarle lo que sentimos de una forma que ella realmente perciba. (Tiene que ser ella la culpable.)

Los defectos los heredamos de ella y las cualidades las tenemos a pesar de ella.

Ella se quitó el pan de la boca, para darnos la mejor educación posible y ahora nos sentimos más refinados que ella.

Queremos que nuestra madre sea una muy buena abuela, que esté pendiente de sus nietos, pero, eso si; que no se meta con la educación de nuestros hijos.

Nos gusta que nuestra madre se sienta agradecida con nosotros porque decidimos, sin consultarle, lo que consideramos mejor para su vida. (Que probablemente es lo más conveniente para nosotros.)

Agradecidos con mamá, en el día de la madre, de afán le compramos una tarjeta barata, un regalo cómodo y la invitamos a comer nuestra comida favorita.

Y en unos años nos quejaremos de lo desagradecidos y duros que son nuestros hijos con nosotros.

Tu hermano

La otra mujer

Después de varios años de matrimonio descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor.

Desde hace poco había comenzado a salir con otra mujer. En realidad había sido idea de mi esposa.

- “Tú sabes que la amas – me dijo un día, tomándome por sorpresa – la vida es muy corta, dedícale tiempo”

- “Pero yo te amo a ti” – protesté.

- “Lo sé. Pero también la amas a Ella”

La otra mujer a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi Madre, viuda desde hace unos años; pero las exigencias de mi trabajo y mis hijos hacían que sólo la visitara ocasionalmente.

Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine.

- “¿Qué te ocurre? ¿Estás bien?” – me preguntó.

Mi Madre es el tipo de mujer que una llamada tarde, en la noche o una invitación sorpresa es indicio de malas noticias.

- “Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo – le respondí – los dos solitos… ¿qué opinas?”
Reflexionó sobre ello un momento:

- “Me gustaría muchísimo” – dijo.

Ese viernes mientras conducía para recogerla después de mi trabajo me encontraba nervioso.

Era el nerviosismo que antecede una cita… Y, cuando llegué a su casa, vi que Ella también estaba muy emocionada.
Me esperaba en la puerta con su viejo abrigo puesto, se había rizado el cabello y usaba el vestido con que celebró su último aniversario de bodas, su rostro sonreía, irradiaba luz como un ángel.

-”Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo y se mostraron muy emocionadas – me comentó mientras subía a mi auto – No podrán esperar hasta mañana para escuchar acerca de nuestra velada”

Fuimos a un restaurante no muy elegante, pero si muy acogedor. Mi Madre se aferró a mi brazo como si fuera “La Primera Dama de la Nación”.

Cuando nos sentamos tuve que leerle el menú… sus ojos sólo veían grandes figuras.

Cuando iba por la mitad de las entradas, levante la vista; mi Madre estaba sentada al otro lado de la mesa y sólo me miraba. Una sonrisa nostálgica se le delineaba en los labios.

-”Era Yo quien te leía el menú cuando eras pequeño. ¿Recuerdas?” – me dijo.

-”Entonces es hora que te relajes y me permitas devolverte el favor” – respondí.

Durante la cena tuvimos una agradable conversación, nada extraordinario, sólo ponernos al día uno con la vida del otro. Hablamos tanto que perdimos el cine.

-”Saldré contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar” – dijo mi Madre cuando la llevé a su casa. Asentí, la besé, la abracé.

-”¿Cómo estuvo la cita?” – quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche.
-”Muy agradable, gracias. Mucho más de lo que imaginé” – le contesté.

Días más tarde mi Madre murió de un infarto masivo. Todo fue tan rápido… No pude hacer nada.

Al poco tiempo recibí un sobre del restaurante donde habíamos cenado con mi Madre, y una nota que decía:

-“La cena está pagada por anticipado.

Estaba casi segura que no podría estar allí, pero igual pagué para dos, para Ti y para tu Esposa. Jamás podrás entender lo que aquella noche significó para Mí. ¡TE AMO!”.

En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo “TE AMO” y darle a nuestros seres queridos el espacio que se merecen.

Autor Desconocido