Oración

¡Hoy quisiera Señor! Pararme un momento en mi andar por la vida y pedirte disculpas por algo que puede ser que no marche bien en mi alma!

¡No te siento! lo suficiente Señor en el Altar adornado en tu honor ni en las ofrendas que te dedican con fervor en un domingo cualquiera!

¡No te siento lo suficiente, en esas llamas trémulas que iluminan los rincones oscuros de tu Hogar. Ni tan siquiera las pinturas dedicadas a Ti, que cuelgan en las paredes bendecidas de tu templo!

Ni aún ¡disculpame Señor! el verte clavado en la cruz, me hace sentir lo suficiente tu presencia, me conmueve pero mi corazón siente algo más que no se si está bien, y ello te ofende.

Por eso en esta tarde quiero pedirte disculpas por estos desvarios de mi corazón y de mi alma, porque ¡Señor!, estos disparates de mi ser, me hacen ver y sentirte más en otros lugares, en otras sendas.

Veo más tu altar en el corazón del Hombre que ama a sus semejantes olvidándose de sí mismo.
Ese altar que se adorna con las manos tendidas para sostener y apoyar al que sufre.

Te siento más en las ofrendas de un corazón sincero, en las miradas de amor de las madres por sus hijos, en la risa feliz de unos niños que juegan, despreocupados del mañana…

Te siento más en la luz tenue del amanecer o en los colores trémulos que se deslizan en el ocaso trayendo ensoñaciones al corazón.

Siento más tu templo en el cielo estrellado que embebe el alma, en el viento que mece las ramas de los árboles; en el agua cantarina que susurra en la fuente; en el eco de paz de una tarde serena. Aunque me duela verte colgado del madero y sin vida, mi corazón te siente más, lleno de ella cuando dejabas que los niños se acercaran a ti, y los bendecías; cuando tus manos aliviaban el sufrimiento del cuerpo y el espíritu. Cuando tu palabra llena de vida consolaban al alma confusa y perdida.

Por eso no puedo sentirte en la muerte y el tormento, aunque fue por nosotros; sino en la vida plena de tus hechos y palabras.
¡Ya ves Señor!, no parece tener enmienda mi corazón.

Por eso en esta tarde clara y luminosa quisiera pedirte que tengas paciencia conmigo, Señor, y me disculpes por todos estos disparates de mi corazón.

Autor: ©Luis Salido Reinoso

País: España

Blog: http://www.poema-de-amor.com.ar/foro/weblog.php?w=3

 

Oración de Gandhi

Mi Señor… Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes
y a no decir mentiras
para ganarme el aplauso de los débiles.

Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxito, no me quites la humildad.
Si me das humildad, no me quites la dignidad.

Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla,
no me dejes inculpar de traición a los demás
por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a mí mismo

No me dejes caer en el orgullo si triunfo,
ni en la desesperación si fracaso.
Más bien recuérdame que el fracaso
es la experiencia que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar es un signo de grandeza
y que la venganza es una señal de bajeza.

Si me quitas el éxito, déjame fuerzas
para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente,
dame valor para disculparme
y si la gente me ofende,
dame valor para perdonar.

¡Señor…si yo me olvido de ti,
nunca te olvides de mí!

Mahatma Gandhi

El secreto

“Dios cierra puertas que ningún hombre puede abrir. Dios abre puertas que ningún hombre puede cerrar” Anónimo
 
Cuantas veces me empecino irracionalmente en vencer una arbitrariedad; protesto por lo que me pasa; me quejo por tantas injusticias en este mundo; me desplomo ante mi propia limitación para cambiar por mi mismo la cotidianeidad que nos golpea.
Parecería que DIOS no quiere los cambios.
Pero si los quiere.
 
Entonces ¿Por qué a veces abre y otras cierra las puertas?
 
¿Cómo comprender a DIOS?
 
Y el secreto es: quedarnos en sus manos.
 
Desde luego, y para que no se confunda nadie, también es verdad que el mundo está lleno de (para decirlo elegantemente) mal paridos, gente ruin que sólo se interesa por sí misma destruyendo a su paso todo lo que se interponga en sus objetivos egoístas, en su ambición, en su deseo de poder.
Son esos miles que arruinan la vida de miles de millones en este planeta.
 
Entonces, para que quede claro, digo que el secreto es:
 
Dejar que DIOS decida sobre nuestro hacer, procurar comprender sus mensajes y sus silencios; pero siempre, absolutamente siempre, trabajar en la construcción de un mundo mejor para todos, unidos; tan unidos como los desgraciados se unen sin reparo, sin vergüenza alguna para llevar a cabo sus injusticias.
 
DIOS abre y cierra puertas.
 
Caminemos por donde nos lo permite.
Escuchemos sus silencios.
Respetemos sus palabras.
 
Tengamos la humildad de comprender que: ante tanto mal, necesitamos de ÉL para vencer, para llegar a lo mejor de nosotros mismos, para alcanzar una Tierra digna de nuestros niños.
 
Dejemos a hablarle de nosotros.
DIOS ya sabe.
 
Dejémoslo hablar dentro nuestro.
Hagámonos cargo de nuestra responsabilidad.
 
¿Y si no crees en DIOS? es igual.
Cuando te alejes de ti mismo, algo llegará para explicarte el camino.

 
Autor: Daniel Adrián Madeiro
“Con Verdad y Justicia, construyamos una Tierra digna de nuestros niños”

País: Argentina

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La Pascua y la sabiduría de un niño

Jeremy nació con un cuerpo deforme y una mente lenta. A la edad de 12 años estaba todavía en segundo de primaria y no daba señales de poder adelantar. Su maestra, Doris Miller, a menudo se exasperaba con él pues con frecuencia se retorcía en su asiento y lanzaba gruñidos. Otras veces hablaba de manera clara y precisa, como si un rayo de luz penetrase en la oscuridad de su cerebro. La mayor parte del tiempo, sin embargo, Jeremy le causaba irritación.

Un día la maestra llamó a los padres de Jeremy y les pidió que fueran a verla para una tutoría. Cuando los Forrester entraron en la clase vacía, Doris les dijo: “Lo que realmente necesita Jeremy es una escuela especial. No es bueno para él estar con niños menores que no tienen problemas de aprendizaje. Hay una diferencia de cinco años entre su edad y la de los otros en su aula.” La Sra. Forrester sacó un pañuelo y lloró quedamente, mientras su marido hablaba: “Srta. Miller, no hay escuelas de ese tipo en las cercanías. Sería un terrible golpe para Jeremy si tuviésemos que sacarlo de esta escuela. Sabemos que realmente le gusta estar aquí.” Doris permaneció sentada un largo rato después de que se hubiesen marchado, mirando fijamente la nieve a través de la ventana. Su frialdad parecía filtrarse hasta su alma. Quería simpatizar con los Forrester. Después de todo, su único hijo tenía una enfermedad terminal. Pero no era justo mantenerlo en su clase. Ella tenía otros 18 niños a los que dar clase y Jeremy era una distracción para ellos. Además, él nunca aprendería a leer y escribir, así que ¿para qué perder más tiempo intentándolo? Mientras ponderaba la situación, un sentimiento de culpabilidad se apoderó de ella. “Aquí estoy, protestando, cuando mis problemas no son nada comparados con esa pobre familia”, pensó. “Por favor, Señor, ayúdame a ser más paciente con Jeremy.”

Desde ese día, intentó ignorar los ruidos de Jeremy y sus miradas vacías. Un día, Jeremy se dirigió hasta su mesa, arrastrando tras de sí su pierna mala: “Te quiero, Srta. Miller”, exclamó lo bastante fuerte para que la clase entera lo escuchase. Los otros estudiantes soltaron risitas entrecortadas y Doris enrojeció. Balbuceó: “¿Co-cómo? Muchas gracias Jeremy. A-ahora vuelve a tu sitio, por favor”.

Llegó la primavera, y los niños hablaban animadamente de la llegada de la Pascua. Doris les contó la historia de Jesús, y para enfatizar la idea del nacimiento a una nueva vida, dio a cada uno de los niños un gran huevo de plástico. “Ahora quiero que os lo llevéis a casa y que lo traigáis de vuelta mañana con algo dentro que signifique una nueva vida ¿Lo habéis entendido?”. “Sí, Srta. Miller”, respondieron los niños con entusiasmo, todos excepto Jeremy. Él la escuchó dando muestras de estar comprendiendo lo que decía. Sus ojos no dejaron de estar fijos en el rostro de la maestra. Incluso ni hizo sus ruidos habituales. ¿Había entendido el chico lo que ella había explicado sobre la muerte y resurrección de Jesús? ¿Había entendido la tarea asignada? Tal vez debiera llamar a sus padres y explicarles a ellos el proyecto.

Esa tarde, el fregadero de la cocina de Doris se atascó. Llamó al plomero y esperó durante una hora a que viniera. Después tuvo que ir al mercado para hacer sus compras, planchar una blusa y preparar un examen de vocabulario para el día siguiente. Olvidó por completo llamar a los padres de Jeremy.
 
A la mañana siguiente, 19 niños llegaron a la escuela, riendo y hablando mientras dejaban sus huevos en la gran cesta de mimbre sobre la mesa de la Srta. Miller. Tras acabar su lección de matemáticas, llegó el momento de abrir los huevos. En el primer huevo, Doris encontró una flor. “Oh, sí. Una flor es ciertamente un signo de nueva vida. Cuando las plantas brotan sus flores, sabemos que ha llegado la primavera”. Una pequeña en la primera fila agitó su brazo. “Ese es mi huevo, Srta. Miller”. El siguiente huevo contenía una mariposa de plástico que parecía muy real. Doris la mantuvo en alto: “Una oruga cambia y se transforma en una bonita mariposa. Sí, también es nueva vida”. La pequeña Judy sonrió orgullosa y dijo, “Srta. Miller, ese es mío”. En el siguiente, Doris encontró una roca con musgo. Explicó que ese musgo también significaba vida que crece aun en una piedra. Billy alzó la voz desde el fondo de la clase: “Mi papá me ayudó”, dijo sonriente. Entonces Doris abrió el cuarto huevo y tuvo que controlarse para no exhibir un gesto de decepción. El huevo estaba vacío. Con toda seguridad debe ser de Jeremy, pensó, y, naturalmente, él no ha entendido mis instrucciones. Si no hubiese olvidado telefonear a sus padres… Para no hacerle pasar un mal rato, con cuidado puso el huevo a un lado y alcanzó otro. De pronto Jeremy dijo: “Srta. Miller, ¿no va usted a hablar de mi huevo?”. Doris replicó desconcertada: “Pero Jeremy, tu huevo está vacío”. Todos se rieron. Él la miró fijamente a los ojos y dijo suavemente: “Sí, pero la tumba de Jesús también estaba vacía”. El tiempo se paró. Cuando pudo hablar de nuevo, Doris le preguntó: “¿Sabes por qué estaba vacía la tumba?”. “Oh, sí. A Jesús lo mataron y lo pusieron dentro. Pero el volvió a la vida y se fue de la tumba. Por eso la tumba estaba vacia”

La campana del recreo sonó. Mientras los niños corrían animadamente hacia el patio del colegio, Doris lloró. La frialdad de su interior de desvaneció por completo. Mas tarde ella se ocupó de explicarle a todos los niños que el ganador había sido Jeremy y las razones por ello.

Tres meses más tarde, Jeremy murió. Aquellos que fueron a expresar sus condolencias se sorprendieron al ver 19 huevos sobre la tapa de su ataúd. Todos ellos vacíos.

Autor Desconocido

Los tres árboles

Había una vez hace mucho tiempo, tres árboles en una colina de un bosque.
Hablaban acerca de sus sueños y esperanzas y el primero dijo: “Algún día seré un cofre de tesoros. Estaré lleno de oro, plata y piedras preciosas. Estaré decorado con un labrado muy fino y todos verán mi belleza”.

El segundo árbol dijo: “Algún día seré una poderosa embarcación. Llevaré a los más grandes reyes y reinas a través de los océanos, e iré a todos los rincones del mundo. Todos se sentirán seguros por mi fortaleza, fuerza y armadura”.

Finalmente, el tercer árbol dijo: ” Yo quiero crecer para ser el más recto y grande de todos los árboles en el bosque. La gente me verá en la cima de la colina, mirará mis poderosas ramas y pensarán en el Dios de los cielos, y cuán cerca estoy de alcanzarlo. Seré el más grande árbol de todos los tiempos y la gente siempre me recordará”.

Después de unos años de que los árboles oraban para que sus sueños se convirteran en realidad, un grupo de leñadores vino donde estaban los árboles. Cuando uno vió al primer árbol dijo: “Este parece un árbol fuerte, creo que podría vender su madera a un carpintero”, y comenzó a cortarlo. El árbol estaba muy feliz debido a que sabía que el carpintero podría convertirlo en un cofre para tesoros.

El otro leñador dijo mientras observaba al segundo árbol: “Parece un árbol fuerte, creo que lo podré vender al carpintero del puerto”. El segundo árbol se puso muy feliz porque sabía que estaba en camino a convertirse en una poderosa embarcación.

El último leñador se acercó al tercer árbol; éste estaba muy asustado, pues sabía que si lo cortaban, su sueño nunca se volvería realidad.

El leñador dijo entonces: “No necesito nada especial del árbol que corte, así que tomaré este”. Y cortó al tercer árbol.

Cuando el primer árbol llegó donde el carpintero, fue convertido en un cajón de comida para animales, fue puesto en un pesebre y llenado con paja. Se sintió muy mal, pues eso no era por lo que tanto había orado.

El segundo árbol fué cortado y convertido en una pequeña balsa de pesca, ni siquiera lo suficientemente grande para navegar en el mar, y fue puesto en un lago. Y vió como sus sueños de ser una gran embarcación cargando reyes había llegado a su final.

El tercer árbol fue cortado en largas y pesadas tablas y dejado en la oscuridad de una bodega.

Años más tarde, los árboles olvidaron sus sueños y esperanzas por las que tanto habían orado.

Entonces, un día, un hombre y una mujer llegaron al pesebre. Ella dió a luz un niño, y lo colocó en la paja que había dentro del cajón en que fue transformado el primer árbol.

El hombre deseaba haber podido tener una cuna para su bebé, pero este pesebre debería serlo. El árbol sintió la importancia de este acontecimiento y supo que ese día había contenido el más grande tesoro de la historia.

Años más tarde, un grupo de hombres entraron en la balsa en la cual habían convertido al segundo árbol.

Uno de ellos estaba cansado y se durmió en la barca. Mientras ellos estaban en el agua una gran tormenta se desató y el árbol pensó que no sería lo suficientemente fuerte para salvar a los hombres. Los hombres despertaron al que dormía, éste se levantó y dijo :” ¡Calma! ¡Quédate quieto! “, y la tormenta y las olas se detuvieron. En ese momento el segundo árbol se dió cuenta de que había llevado al Rey de Reyes y Señor de Señores.

Finalmente, un tiempo después alguien vino y tomó al tercer árbol convertido en tablas. Fue puesto a las espaldas y fue cargado por las calles, al mismo tiempo que la gente se burlaba y escupía al hombre que lo cargaba.

Se detuvieron en una pequeña colina y el hombre fue clavado al árbol y levantado para morir en la cima de la colina. Cuando llegó el domingo, el tercer árbol se dió cuenta de que el fue lo suficientemente fuerte para permanecer erguido en la cima de la colina, y estar tan cerca de Dios como nunca, porque Jesús, el Hijo de Dios, había sido crucificado en él.

La moraleja de esta historia es que cuando las cosas no vayan como nosotros esperamos, siempre debemos saber que Dios tiene un plan para nosotros. Si ponemos nuestra confianza en Dios, Él te dará grandiosos regalos a su tiempo y en su momento. Cada uno de los árboles obtuvo lo que siempre quiso, sólo que no en la forma en que lo habían imaginado.

No siempre sabemos cuales son los planes de Dios para nosotros. Solamente sabemos que sus caminos no son nuestros caminos, pero siempre son los mejores.

Autor Desconocido