La ética en la vida

En la vida debemos implementar la ética en todas las acciones de nuestras evolución como ser pensante; la ética es más que una ciencia a lo moral, a los valores que hemos recibido de nuestras familias, de la interacción con todos los seres. No importa que quieras de tu vida por lo que luchas cada día lo que importa es que esa lucha te llene, te sientas bien, en tu ámbito laboral, familiar y amoroso. Que tu lucha no solo te beneficie a ti , sino a otros aquí insertamos la ética; que tu evolución personal sea un marco constructivo, nunca trabajar, pensar, o hacer algo destructivo y que alrededor de ti se beneficie a un gran número de personas, no solamente lo que están a tu lado y aquellos que indirectamente estén en contacto contigo No trabajar sobre una idea que solo tú te beneficies sin importar las consecuencias a terceros eso se llama falta de ética, no preocuparte por tus amigos, familia o vecinos diciéndote “ Yo estoy bien, allá ellos “ esto te disminuye como ser constructivo porque no trabajas en función de lo que te beneficia a ti a otros también y eso mueve los canales de prosperidad para todos.

Hay personas que su día a día anda en la vida como ciegos que sus acciones que cometieron y cometen han dañado a otros ¿ Serán que no se dan cuentan ‘? ¿ O solo es un modo de vida y siguen consciente o inconscientemente inescrupulosamente haciendo una mejor cálida vida para el pero disminuyendo a otros y eso no es ético . Como el alumno que hace trampa en un examen , como el novio (a) o el esposo (a) que son infieles, quien roba o se adueña de un bien que no le pertenece eso no es ético o moral y va empobreciendo el espíritu. Aquel hombre que en la vida va con ética , con valores respetando a todos sus semejantes es un ser que que su canal de prosperidad, de abundancia siempre le regalara dones y recompensas dispensado por el Padre y el cósmo porque ha sembrado y recogerá sus frutos. Sé feliz y ayuda a los demás a ser feliz.

Mónica Zerpa

La oportunidad de un Nuevo Día

Nuevo Dia

No han sido pocas las noches en las cuales llegaba a casa con la sensación real de que las cosas en mi vida no iban como las había proyectado. Que por una u otra causa, o por la acumulación de varias, me derrumbaba sin encontrar solución a “tantos” problemas y la soledad me desgarraba por dentro aprovechándose de la cogorza que la bebida o el abuso del tabaco provocaban en mi cerebro.

Mi cabaña se ha quemado y sólo quedan cenizas,
Ahora puedo ver la luna llena

De estas noches de autodestrucción en las que morimos y volvemos a nacer, cada uno a su manera, podemos aprender más que en cualquier libro de autoayuda o sesión de psicoanálisis.

Cuando nuestras espectativas en la vida superan con creces el peso que podemos soportar, cuando el destino pone en tu camino desagradables imprevistos con los cuales no contabas, cuando todo parece no poder ir peor ha llegado la hora de que la larva se transforme en mariposa, la metamorfosis.

Ha llegado la hora de pasar una de esas noches fatídicas y autodestructivas en las que la cabeza va a mil por hora y en la que nos libraremos de toda esa carga innecesaria que nos permitirá, al igual que al Ave Fenix, renacer de nuestas cenizas.

El error de algunos está en intentar evitarlo rodeándose de familiares y amigos que difuminarán la sensación de soledad y subirán temporalmente nuestra autoestima.

Es vital tocar fondo para poder coger impulso hacia una nueva versión de nosotros mismos.

A unos les llevará más tiempo que a otros pero al final, todos nos levantaremos, abriremos la persiana y veremos al igual que  en la imagen que encabeza el artículo que el nuevo día parece sonreirnos dándonos la oportunidad de volver a empezar y la esperanza de que las cosas pueden mejorar.

Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción. Samuel Johnson

Y vosotros ¿qué opinais de todo esto? :-)

El G20, la Crisis y el Hambre

hambre

Nos encontramos en los primeros meses del año 2009 d.c. El denominado primer mundo vive una situación de crisis financiera sin precedentes y los 20 gobiernos más importantes del mundo G20 se reunen para, entre todos, encontrar una salida a medio o largo plazo que evite el descalabro de nuestra sociedad, tal y como la conocemos.

La mayor parte de nosotros, deseamos que esta situación termine y todo vuelva a la aparente normalidad de años anteriores donde muchos de nosotros disfrutábamos de un bienestar sin precedentes históricos.

Digo aparente normalidad porque no puede ser normal que en los últimos meses,

Nuestros gobiernos se han gastado el equivalente a erradicar el hambre en el mundo durante 50 años.

Se han gastado este dinero en rescatar una serie de bancos y aseguradoras que tienen parte de culpa de que la situación esté como está. Sin duda, la mayor parte de la culpa es nuestra por permitirlo.

Ese dinero que parecía no existir para erradicar el hambre y la pobreza en los países más desfavorecidos, surge ahora de debajo de las piedras, para salvar el culo de la mayor parte de los peces gordos de nuestro sistema financiero.

Pero esto no es lo peor que está pasando, lo peor es que a nuestra sociedad parece darle igual pagar el precio si con eso volvemos a la cómoda situación de años anteriores. Todo esto me recuerda a cuando, de chico, leía libros sobre la II Guerra Mundial y me sorprendía que la mayor parte de la sociedad alemana permaneciera impasible ante el genocidio que se estaba cometiendo. Ahora entiendo lo fácil que resulta engañar a una sociedad adormilada, sin principios, sin ideales, sin objetivos que no estén relacionados con el consumismo feroz y poco, muy poco exigente con sus líderes.

Hoy sé que este modelo en el que algunos repiten plato y la mayoría pasa hambre va a desaparecer. De nosotros depende el como, ya no tanto el cuando.

No se puede consentir que nos hayan dicho durante todos estos años que no podíamos salvarlos de la pobreza, que no había recursos suficientes, y que ahora que vemos que no era cierto todos miremos hacia otro lado.

Si consentimos que este rescate se consume y posteriormente no hacemos el mismo esfuerzo por salvar a los millones de personas que mueren de hambre en nuestro planeta no seremos diferentes a esa sociedad alemana de 1940.

La historia nos condenará y en el futuro, algún chico leerá un libro sobre nuestra sociedad, titulado, tal vez, “La sociedad genocida“, se sorprenderá de nuestra pasividad  sin ser consciente que probablemente algún día la historia se repita.

Has reflexionado alguna vez si ….

¿Nuestro modelo de vida merece ser salvado?.

¿Ha llegado la hora de estudiar modelos más justos para todos los que habitamos este planeta?

¿Será condenada nuestra sociedad por la historia?

Imagen | Jorge Pacheco

Asimilar una enfermedad terminal

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Por desgracia, muchos de nosotros tendremos que asimilar en algún momento de nuestra vida la enfermedad terminal de un ser querido. Son momentos difíciles que exigirán mucho autocontrol y en los que se nos planteará la duda sobre informar o no informar al paciente.

Se puede ser honrado sin destruir los mecanismos de adaptación del enfermo. ¿Como hacerlo?.

Se preguntará al paciente lo que le gustaría conocer de su enfermedad y se le responderá en términos que pueda comprender, si bien tienen derecho a conocer, no siempre es recomendable que conozcan todos los detalles.

Charles Edwards y Renier aconsejan tres principios que pueden ser de ayuda en estos casos:

  • Escuchar bien.
  • Nunca mentir a un paciente.
  • No retirar nunca una esperanza a la que el paciente se aferre.

Las observaciones realizadas por la doctora Kübler-Ross han permitido establecer un esquema evolutivo de la adaptación al proceso terminal, basado en los mecanismos de reacción o defensa que entran en funcionamiento durante una enfermedad mortal. Lo pacientes parecen atravesar generalmente una serie predecible de etapas emocionales clásicas a veces difíciles de distinguir, que varían individualmente en duración e intensidad:

  1. Negación y aislamiento
  2. Ira y furor
  3. Negación o pacto
  4. Depresión
  5. Aceptación

Cada uno de nosotros vivirá esta situación de forma diferente aunque seguro que con muchos puntos comunes.

¿Habéis vivido alguna vez una situación de este tipo?. ¿Cuál es vuestra experiencia u opinión?

A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd. Alphonse de Lamartine

Fuentes | cuidadosenfermedadterminal

Imagen | downthewaterfall

Libre Albedrío

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Tradicionalmente el destino es una fuerza sobrenatural que guía nuestra vida desde que nacemos hasta que morimos.

Desde el punto de vista religioso el destino es un plan creado por Dios, que no puede ser modificado de ninguna manera. Esto, por supuesto, exceptuando el conocimiento judeocristiano que rechaza de plano (desde la Sagrada Escritura) la existencia de una predestinación absoluta (debido al libre albedrío, que entre otras cosas, hace al hombre ser imagen y semejanza de Dios).

La mayor parte de las religiones consideran a Dios como un ser omnisciente y eterno pudiendo conocer el pasado, el presente y el futuro. Si Dios puede tener cualquier clase de percepción o conocimiento del futuro implica que los sucesos en nuestro universo se predeterminan.

Que los sucesos estén predeterminados no implica necesariamente predestinación ya que Dios actuaría como conocedor del futuro y no como arquitecto del mismo.

Si a todo lo anterior le sumamos como válido el concepto de Milagro como intervención divina en el universo nos encontramos con una nueva controversia.

Dios abandona su papel contemplativo e interviene puntualmente en un Universo del cual conoce su futuro, existiendo desde tal momento predeterminación y predestinación.

Por todo lo explicado anteriormente  la existencia de milagros no es compatible con el libre albedrío pero sí con la predestinación.

Ante este panorama la pregunta es simple:

¿Estamos predestinados o disfrutamos de libre albedrío?